Según un informe del Instituto de la Mujer, el 47% de las jóvenes españolas alguna vez ha mantenido relaciones sexuales sin ganas. Al otro lado del globo, en Japón, el 43% de sus ciudadanos de entre 18 y 35 años sigue siendo virgen. La recesión sexual es un fenómeno cuyos factores son muchos y muy diversos, pero cuyas direcciones apuntan a distintas versiones de una misma consecuencia: el auge global de la asexualidad.
¿Qué es la asexualidad?
Utilizado por muchos como adjetivo peyorativo, la asexualidad es un término que resulta incómodo para algunos. Sin embargo, no se trata más que de una cuestión de identidad sexual que, pese a la sencillez de su evidencia, precisa a veces de explicación. Más todavía cuando, según apuntaron informes como el de la revista The Atlantic, cada vez más jóvenes prefieren el sexo solitario a hacerlo en compañía. Pero, ¿qué sucede?
Como bien apunta Bianca Tomasi, psicóloga online Buencoco, la asexualidad es una orientación sexual con la que “cada vez se identifican más personas”. Aunque no coincida con la siempre atribuida “opción de la abstinencia —como el celibato—, se trata más bien de una ausencia de deseo. Y los datos respaldan la apreciación de Tomasi, ya que la recesión sexual, sobre todo entre los más jóvenes, es ya un fenómeno global.
Entre la ausencia y la recesión del deseo sexual
Mientras el 43% de los japoneses y las japonesas de entre 18 y 35 años sigue siendo virgen, un informe del Instituto de la Mujer afirma que el 47% de las jóvenes en España ha mantenido relaciones sexuales sin ganas. Según Tomasi, no siempre fruto de la asexualidad. Ya que esta orientación tiene “matices”. Como la demisexualidad, donde las relaciones sexuales se dan solo tras haber establecido un vínculo emocional previo.
No obstante, esta recesión del deseo sexual que experimenta buena parte de los más jóvenes, generalmente se asocia a la desnaturalización de las relaciones afectivas fruto de una era digital donde las redes y la pornografía deciden el patrón social y sexual. Al menos, así dilucidan estudios como el del psicólogo norteamericano Philip Zimbardo, quien acuñó la procrasturbación: la decantación por el porno frente a las relaciones.
Sea a causa de una reducción del deseo sexual generalizada, acorde con el imaginario y el contexto contemporáneos, o bien por una orientación asexual innata, la comunidad asexual sigue siendo vulnerable en muchas sociedades. Además de verse víctimas del abuso sexual tras acceder al coito por compromiso o culpabilidad, bajo la mirada discriminatoria de la desinformación que marginaliza y deslegitima su identidad.
¿Existen tipos de asexualidad?
Profundizar en la asexualidad y sus tipos es una tarea necesaria para visibilizar esta orientación sexual que, tal y como es preciso aclarar, no es en absoluto un trastorno de índole sexual, según recoge el mismo DSM-5, manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Y es que, a pesar de no sentir atracción sexual alguna, entre los asexuales la excitación sexual puede existir y manifestarse de formas diversas.
Según Buencoco, esa falta de atracción sexual no significa que no puedan sentir otro tipo de atracción, excitarse, tener necesidades emocionales o incluso manifestar algún comportamiento sexual —sea en relaciones en pareja o masturbándose -. Además, cada asexual es un mundo, ya que existen distintas identidades y orientaciones asexuales que a menudo requieren de apoyo psicológico para definirse, reconocerse y aceptarse.
Una orientación muy identitaria
Aceptar la propia sexualidad, también si esta es asexual, es una tarea necesaria para estar en paz con uno mismo. Entre las definiciones, además de la demisexualidad, se encuentran los gris-asexuales (atracción sexual puntual, abiertos a pareja asexual), alosexuales (se relacionan sexualmente, también con asexuales), los arrománticos (sin interés en el vínculo romántico) y los autosexuales (atracción por ellos mismos).
Pero, además, según el psicólogo canadiense Anthony Bogaert, podemos diferenciar también a los asexuales homorrománticos (románticamente atraídos por personas del mismo género), heterorrománticos (del género opuesto), birrománticos (por ambos géneros), panrromántico (independientemente del sexo y la identidad de género) y/o arromántico (ni experimenta ni busca sensaciones románticas o de enamoramiento).
La asexualidad, por tanto, es simple y llanamente otra orientación sexual cuya única diferencia respecto a las demás es el modo en que regula y calibra su atracción en el plano emocional y sexoafectivo. Sin embargo, y dada la presión social que a menudo acomete contra lo no convencional, la ayuda psicológica puede ser de gran utilidad para aceptarse. Y, al fin, disfrutar de la orientación que define y forma nuestra identidad.


